Revolución o Guerra n°5

(Febrero 2016)

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¿ Tomar la fábrica o tomar el poder ? (Bordiga, Il Soviet, 22 de Febrero 1920)

El texto que sigue es un momento importante del combate de la Izquierda marxista contra la tendencia sucesivamente representada por el anarquismo en los tiempos de Marx y Engels, por el economismo en los tiempos de Lenin, luego por el consejismo de los años 1930 hasta la fecha. Cuando fue publicado, la tendencia “consejista a-política” se expresaba, entre otros medios, en las filas de la revista Ordine Nuovo de Gramsci y se apoyaba sobre el movimiento de los consejos de fábrica que se desarrollaban entonces en Italia. No dudamos que las mismas cuestiones se plantearán – ya se plantean tan pronto como una lucha importante busca organizarse – y que el mismo combate deberá ser llevado por los comunistas – los principales grupos de la Izquierda Comunista ya tuvieron que llevarlo ante y contra el fetichismo de la “auto-organización” por ejemplo con los “indignados” en España.

El GIIC.

¿ Tomar la fábrica o tomar el poder ?

Las agitaciones de los últimos días en Liguria enseñaron un fenómeno que se repite desde poco con una cierta frecuencia y que merece ser destacado como síntoma de un estado de espíritu especial de las masas trabajadoras.

En vez de abandonar su trabajo, los obreros se han apoderado, para decirlo así, de las fábricas y han buscado hacerlas funcionar para su propia cuenta o mejor sin la presencia de los principales dirigentes. Esto quiere decir sobre todo que los obreros se dan cuenta que la huelga es un arma que no responde a todas las necesidades, especialmente en ciertas condiciones.

A través los perjuicios causados al mismo obrero, la huelga económica ejerce una acción útil del trabajador por los daños que la cesación del trabajo causa al industrial con la disminución del producto del trabajo que le pertenece.

Esto en las condiciones normales de la economía capitalista, cuando la competencia con su relativa baja de los precios obliga a un crecimiento continuo de la misma producción. Hoy en día, los peces gordos de la industria, especialmente los de la metalúrgica, salen de un periodo excepcional durante el cual realizaron ganancias enormes con el mínimo de esfuerzos. Durante la guerra, el Estado les facilitaba las materias primas y el carbón y era al mismo tiempo el único comprador ; el mismo Estado, con la militarización de las fábricas, atendía a la rigurosa disciplina de las masas obreras. ¿ Qué mejores condiciones soñar para conseguir un buen balance ? Hoy esta gente ya no está dispuesta a enfrentar las dificultades causadas por la falta de carbón y de materias primas, por la inestabilidad del mercado y por la agitación de las masas obreras ; no están particularmente dispuestos a contentarse con ganancias modestas, en las proporciones en las cuales las realizaban antes de la guerra, y pues en menor proporción.

Pues no se preocupan de las huelgas, que no les desagradan, aun cuando protestan en palabras contra la insatisfacción y las pretensiones absurdas de los obreros.

Estos últimos días, los obreros han entendido, y su acción para apoderarse de las fábricas así como la continuación del trabajo en lugar de la huelga lo ha demostrado, que no querían parar el trabajo y que no querían trabajar como los patrones se les decían. No quieren más trabajar por cuenta de esos últimos, no quieren más ser explotados, quieren trabajar para ellos-mismo, o sea para el solo interés de los obreros.

Se debe tomar en cuenta seriamente este estado de espíritu que se desarrolla cada vez más ; simplemente quisiéramos que no se extraviasen en falsas soluciones.

Se dijo que donde existían consejos de fábrica, estos habían funcionado asumiendo la dirección de las fábricas y haciendo continuar el trabajo. No quisiéramos que la convicción que, desarrollando la institución de los consejos de fábrica, sería posible tomar posesión de la fábricas y eliminar los capitalistas, pueda apoderarse de las masas. Sería la más peligrosa de las ilusiones. Las fábricas serán conquistadas por la clase de los trabajadores – y no por los obreros de la misma fábrica, lo cual sería fácil pero no comunista – solo cuando la clase trabajadora en su conjunto se haya apoderado del poder político. Sin esta conquista, la disipación de las ilusiones será efectuado por la Guardia Real, los Carabineros, etc., o sea por la maquina de opresión y de fuerza que posee la burguesía a través de su aparato político de poder.

Los intentos continuos y vanos de la masa trabajadora que se agota cotidianamente en esfuerzos parciales deben ser canalizados, fusionados, organizados en un solo, único, esfuerzo que mira a golpear directamente el corazón de la burguesía enemiga.

Esta función no puede y no debe ser ejercida sino por un partido comunista lo cual no debe tener otro objetivo, en la hora actual, que destinar toda su actividad a volver las masas trabajadoras siempre más conscientes de la necesidad de esta gran acción política siendo ella la sola vía por la cual se puede llegar directamente a la posesión de las fábricas, y que, procediendo de otra manera, se esforzará en vano de conquistar.

A. Bordiga, « Prendere la fabbrica o prendere il potere ? »

II Soviet, 22 de febrero 1920 (traducido al español por el GIIC)

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